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Enfermedad del duodeno

TUBERCULOSIS ABDOMINAL

El término TB abdominal abarca la afectación tuberculosa de cualquiera de los órganos intraabdominales, incluida cualquier parte del tracto gastrointestinal, desde la boca hasta el ano, el omento, el peritoneo, el mesenterio y sus ganglios y otros órganos intraabdominales sólidos, como el hígado, el bazo y el páncreas. La infección se debe principalmente a la ingestión de material infectado de enfermedad pulmonar o a la diseminación hematógena a órganos abdominales con la consiguiente afectación de estructuras contiguas. Las presentaciones clínicas son proteicas e imitan muchas otras enfermedades. Los síntomas de presentación más frecuentes son distensión abdominal y/o dolor, fiebre y pérdida de peso, pero pueden variar según el lugar de afectación tuberculosa.89-92 La orofaringe puede verse afectada con ulceración crónica. La afectación esofágica puede presentarse con estenosis o fístula traqueo o broncoesofágica, como resultado de la erosión de los ganglios caseadores mediastínicos en el esófago. La enfermedad gástrica y duodenal puede causar ulceración u obstrucción. La afectación del intestino delgado puede provocar fístulas, perforaciones o malabsorción. El ileocécum y el yeyunoileum son los sitios de participación más frecuentes. Las complicaciones incluyen una masa palpable, obstrucción, perforación y formación de fístulas. El sangrado rectal masivo puede complicar la afectación del colon y las lesiones rectales se presentan como fisuras, fístulas y abscesos perirrectales.93 El compromiso de órganos sólidos ocurre en aproximadamente el 20% de los casos de TB abdominal.92 El compromiso hepático puede presentarse con distensión abdominal, dolor hipocondrial derecho e ictericia, 94 y enfermedad esplénica con esplenomegalia moderada; la TB pancreática puede imitar la pancreatitis o el carcinoma. La hepatitis tuberculosa, rara vez con ictericia, se observa generalmente en pacientes con enfermedad diseminada y se debe sospechar si las enzimas hepáticas están elevadas. La ecografía abdominal está indicada para buscar linfadenopatía intraabdominal y detectar agrandamiento hepático, un infiltrado granular que sugiere inflamación granulomatosa y para excluir abscesos tuberculosos. Las anomalías histológicas pueden variar desde cambios inflamatorios inespecíficos hasta lesiones granulomatosas muy específicas y la presencia de M. tuberculosis. El rendimiento diagnóstico puede mejorar con el cultivo de micobacterias de muestras de biopsia. Los conductos biliares y el páncreas rara vez están comprometidos, aunque esto se ha descrito como parte de la tuberculosis miliar en pacientes inmunodeprimidos.Las manifestaciones clínicas dependen del sitio y la extensión de la enfermedad y pueden incluir anorexia, malestar, fiebre de bajo grado, pérdida de peso, sudores nocturnos, dolor abdominal, heces con sangre, ictericia obstructiva y pancreatitis aguda o crónica.96,97 La TB pancreática puede imitar una neoplasia maligna y presentarse como una masa pancreática o un absceso.95,96 El bazo está comúnmente comprometido en pacientes con TB diseminada, pero la TB esplénica aislada que se presenta con esplenomegalia, hiperesplenismo, lesiones esplénicas solitarias o abscesos esplénicos es poco frecuente.La peritonitis tuberculosa suele presentarse con dolor y distensión abdominal acompañada de fiebre, pérdida de peso y anorexia.91

La confirmación de la afectación abdominal requiere una combinación de técnicas endoscópicas, microbiológicas, histológicas y moleculares. La ascitis tuberculosa tiene características bioquímicas similares a las de los exudados pleurales y pericárdicos tuberculosos. El contenido celular es predominantemente linfocítico, los niveles de ADA son elevados y los rendimientos de cultivo de bacilos y micobacterias ácidos rápidos son bajos. Aislamiento de M. la tuberculosis se ve reforzada por la centrifugación de grandes muestras de líquido peritoneal, la inoculación de líquido peritoneal en un medio de cultivo líquido y cuando se puede examinar y cultivar material de biopsia peritoneal. La dificultad de hacer un diagnóstico de TB abdominal se ilustra en muchos casos probados por autopsias insospechados durante la vida94,99 y un retraso diagnóstico considerable, incluso en entornos con recursos suficientes.99

Se demostró una fuerte asociación entre enfermedad pulmonar cavitaria no tratada y afectación gastrointestinal, consistente con exposición prolongada a secreciones infectadas por ingestión, en autopsias realizadas en la era de la prequimioterapia. En Los Ángeles, California, las lesiones gastrointestinales estuvieron presentes en el 25% de las 6.085 autopsias en las que se identificó TB,100 y, más recientemente, se ha demostrado una relación continua entre el pulmón cavitario con frotis positivo y la enfermedad gastrointestinal en una cohorte de hospitales sudafricanos, en la que la prevalencia de TB gastrointestinal comprobada fue del 28%.101 Las lesiones fueron predominantemente lesiones superficiales de la mucosa del ciego, que parecían estar relacionadas con la gravedad de la enfermedad pulmonar.101 Por el contrario, la TUBERCULOSIS pulmonar se ha reconocido en entre 1 y 64% de las series notificadas de TUBERCULOSIS abdominal en poblaciones seronegativas por VIH.90-92,102 Esta amplia variabilidad en la asociación entre el compromiso abdominal y pulmonar puede deberse a sesgos de selección debidos a sensibilidades variables de las modalidades diagnósticas para definir el compromiso pulmonar y abdominal, el tipo y la cronicidad del compromiso abdominal en el momento de la presentación y el acceso variable de cada población al diagnóstico y a la quimioterapia eficaz de la TB pulmonar temprana.

La TB abdominal ocurre con más frecuencia en individuos infectados por el VIH que en individuos seronegativos por VIH, debido tanto a un aumento general de la incidencia de TB como a una mayor propensión a la diseminación a medida que disminuye el recuento de células CD4.103.104 M. La infección por tuberculosis en pacientes con SIDA afecta con mayor frecuencia a los órganos abdominales sólidos en consonancia con la diseminación linfohematógena. El hígado, el bazo y el páncreas, así como el peritoneo y el tracto gastrointestinal son frecuentemente involucrados. Las fístulas son más frecuentes en el SIDA y pueden ocurrir en cualquier segmento del intestino.

La quimioterapia convencional de ciclo corto, como en el caso de la tuberculosis pulmonar, parece ser eficaz, aunque ocasionalmente se requiere cirugía para las complicaciones.

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